Gleipnir Clair

Gleipnir es una serie que, como mencioné en sus primeras impresiones, te ofrece una de cal y otra de arena. Está increíblemente bien producida —de ahí la recurrente idea de que, como con Just Because, la producción de Pine Jam pueda irse al garete— pese a depender de un estudio minúsculo, pero el contenido a adaptar es más bien limitado, burdo y repugnante a ratos. Es una historia para la que el fanservice está a la orden del día, haciendo del (intento de) suicidio de la coprotagonista Clair —entre otros acontecimientos— una situación de lo más morbosa y desagradable que acaba por conducir a abusos, violaciones y distintas eventualidades que no calzan ni a la de tres.

Gleipnir Clair Shuuichi

El fanservice per se, aclaro, no es malo. Los hay de muchos tipos, lo hay en prácticamente todas las series, y generalmente resulta inofensivo y “nada” intrusivo. En Gurren Lagann mismamente, serie de la que hablamos hace no mucho, Yoko es un vehículo para el Gainaxing; un movimiento exagerado y absurdo de pechos que puedes pasar por alto o admirar, porque puestos a animar todo lo que hay en pantalla qué menos que no discriminar.

Pero el “¿cómo pueden hacer esto?” que evoca Gurren Lagann es muy distinto al de Gleipnir. En el primer caso Yoko es una mujer de armas tomar que no se tapa hasta un trágico final en el que, ahora sí, no hay cabida para el Gainax Bounce. Gleipnir, por el contrario, vive para la sexualización de todo cuanto alcanza el encuadre de la cámara.

Gleipnir Yoshioka

Sus personajes femeninos se ven objetivados, completamente despojados de un comportamiento humano en pos de llamar a la mirada masculina. Es una serie, vuelvo a repetir, para la que su principal reclamo son las mujeres en ropa interior, a menudo usada de punto focal.

Más importante que disfrutar de su faceta de Battle Royale es la de centrar la mirada en un elenco de señoritas heteronormativas, generalmente menores de edad, forzadas a exhibirse a como dé lugar. Aún si para ello, que es de lo que básicamente va el capítulo seis, hay que incurrir en abuso sexual.

Gleipnir Shuuichi Yoshioka

La fotografía no acompaña. Gleipnir es un caso para el que ni la propia gente involucrada parece darse cuenta de lo que está representando en pantalla. Es una compilación de fetiches la mar de extraños en cuyo denominador común reside el abuso sexual, ya no solo limitado al tándem protagonista, sino ampliado a la única representación LGBT que hay (por ahora) en la obra.

Y aún con esas no se esconde; ya no es que sólo deshumanice a sus personajes o les dote de carácter sexual en todo momento, sin importar la situación, sino que se nos niega toda posibilidad de empatizar.

Gleipnir Clair

Ante una violación que debería presentarse cruda la serie busca la masturbación. Erotiza la peor de las situaciones, omite toda emoción, alivio o desesperación que pueda surgir de un escenario a todas luces horrendo, y persiste en mostrar bella y sumisa (porque en este caso, con independencia de su relación con Shuuichi, ella es la víctima) a Clair, negándole así el derecho a expresarse de forma no siempre estética o bonita a la vista.

Algo para lo cual ni la mejor de las producciones me haría salir en defensa de una dirección que, si en un primer momento decía que pudo haber tenido cierto sentido, ahora mismo doy por perdida.

Gleipnir Yoshioka

No tengo planes de dejar la serie (en gran medida porque la comento semanalmente con amigos, a destacar al autor de El Armario Animado), no sé hasta qué punto mi opinión cambiará con lo que resta de emisión, pero hoy por hoy, y con un reciente capítulo sexto que parece haber sido hecho para compilar todo lo que odiaba desde un principio, me encuentro bastante disgustado.